En mi terapia me dí cuenta de algo muy importante: el tiempo.
Comparados con él somos ínfimas partes. Y es tan sabio que es el único que puede curar las heridas más graves de un persona: las del corazón. Aún dejando hondas cicatrices, el tiempo es capaz de apaciguar pasiones, remendar errores y tranquilizar conciencias.
Pequeñas porciones de él, junto con el espacio, conforma la esencia de nuestras vidas: el instante que vivimos en un lugar y las personas con las que lo vivimos.
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