O, "simplemente", ser un devorador de libros. Y no me refiero a leerlos ávidamente, sino que por arte de esa memoria, recuerdas los detalles del libro, de forma que lo si decides releerlos ya no podrán cautivarte la atención. Así te conviertes en un asesino de libros, robando su esencia en cuanto lo lees.
Pero, existen los que son sumamente resistentes a este proceso y cada vez que los lees son diferentes, como cuando escuchas el canto de un pájaro o el sonido de la lluvia (¿qué hay más inmortal que la lluvia?). Y aunque son pocos, son una raza especial de libros que merecen ser encontrados y poner a prueba, mediante leer y releerle sus páginas, esta inmortalidad. De esos pocos menor cantidad he encontrado: 100 años de soledad (García Márquez), El aleph (Borges) y Rayuela (Cortázar). Así que a fuerza de espada,