11/11/12

Inmortales.

Aunque la gente no lo crea, tener una memoria tan buena (modestia aparte) puede llegar a ser molesto. Se te quedan letras de canciones o datos inútiles grabados en la cabeza, recuerdas detalles que te duele y puedes revivirlos inconcientemente de forma detallada.

O, "simplemente", ser un devorador de libros. Y no me refiero a leerlos ávidamente, sino que por arte de esa memoria, recuerdas los detalles del libro, de forma que lo si decides releerlos ya no podrán cautivarte la atención. Así te conviertes en un asesino de libros, robando su esencia en cuanto lo lees.

Pero, existen los que son sumamente resistentes a este proceso y cada vez que los lees son diferentes, como cuando escuchas el canto de un pájaro o el sonido de la lluvia (¿qué hay más inmortal que la lluvia?). Y aunque son pocos, son una raza especial de libros que merecen ser encontrados y poner a prueba, mediante leer y releerle sus páginas, esta inmortalidad. De esos pocos menor cantidad he encontrado: 100 años de soledad (García Márquez), El aleph (Borges) y Rayuela (Cortázar). Así que a fuerza de espada, necesito debo encontrar más de ellos.

6/11/12

Cambiar por cambiar...

Se dice que un hombre puede subsistir de las buenas acciones que otorga a los demás. Puedo decir que yo lo hacía sólo por bondad intrínseca, moral imperativa, ser bueno como acto reflejo.

Me gustaba ayudar a los demás, saber que soy alguien con quien pueden contar, que sepan que estaría ahí para lo que fuere...

Me gustaba...